
Venezuelans pride themselves on living in an ethnic and religious melting pot. Their homeland, unlike its neighbors Argentina, Paraguay, and Chile, has no history of having harbored Nazi fugitives. Before Chávez came to power, members of the Jewish community reported little animosity from either the government or the populace, and sharply anti-Zionist rhetoric was relatively uncommon. Nor did Venezuela’s fifteen synagogues (all but one of them Orthodox) experience much of the anti-Semitic vandalism common in other Latin American countries with tiny Jewish populations. The Hebraica center—its building functions as a lavish social hub, elementary school, country club, sports facility, and gathering place for Caracas Jewry—was largely left in peace (
full information)/Los venezolanos se enorgullecen de vivir en un crisol étnico y religioso. Su patria, a diferencia de sus vecinos la Argentina, Paraguay y Chile, no tiene ninguna historia de abrigar fugitivos nazis. Antes de que Chávez llegara al poder, los miembros de la comunidad judía eran objeto de poca animosidad del gobierno o de la población, y el tono anti-Sionista era poco frecuente. Tampoco ninguna de las quince sinagogas de Venezuela (una de ellas ortodoxas) experimentaron el vandalismo antisemítico común en otros países latinoamericanos con las poblaciones judías minúsculas. El centro Hebraica -con instalaciones que funcionan como centro social clave, escuela primaria, club de campo, con instalaciones deportivas , y lugar de reuniones judaicas en Caracas - estuvo fundamentalmente en paz